ISS: Enorme estación espacial en órbita terrestre

Durante siglos el hombre ha deseado ser un activo actor de lo que sucede en el espacio y gracias a esta nave, símbolo de la cooperación internacional, hoy y de ahora en adelante habrá presencia humana permanente en el espacio.


La Estación Espacial Internacional (International Space Station, ISS) comenzó a fabricarse en 1998. La idea de su construcción logró concretarse cuando Estados Unidos logró finalmente elaborar un proyecto, que requería la colaboración de otros países que aportaran con lo mejor de su tecnología, de esta manera se lograron acuerdos con otros 15 países.

Ha sido considerada como uno de los máximos logro de la ingeniería, y cómo no serlo si en el proyecto participan cinco agencias dedicadas al espacio: la NASA de Estados Unidos, la Agencia Espacial Federal Rusa, la Agencia Japonesa de Exploración Espacial, la Agencia Espacial Canadiense y la Agencia Espacial Europea (ESA).

La estación es tan grande que no logró ser lanzada toda a la vez, y está siendo construida poco a poco con grandes secciones añadidas continuamente mediante vuelos de la Lanzadera Espacial. Actualmente, la estación está en fase operativa pero sin la integridad de su infraestructura construida, aunque se tiene planificado que a fines del 2010 la estación cuente con su totalidad en órbita.

El diseño final de la Estación Espacial Internacional contempla laboratorios de investigación estadounidenses, europeo y colaboraciones de investigación entre todos los países. A pesar de que su perímetro es bastante amplio, sólo una pequeña fracción de ella está compuesta por módulos diseñados para ser habitables por humanos.


La ISS en los últimos años ha sido causa de ciertas controversias, fundamentalmente por inicio del denominado turismo espacial. En la actualidad, incluso se creó un proyecto, que aún se encuentra en fase de estudio, que tiene previsto habilitar un hotel en el espacio para turistas que puedan pagar un viaje netamente turístico, con un precio estimado en unos 10 millones de dólares estadounidenses mínimo.

Fátima de Madrid: Una de las grandes mujeres de la astronomía

Generalmente al pensar en los próceres de la ciencia que estudia los astros se nos vienen a la mente grandes astrónomos y aunque siempre se ha considerado una sabiduría ligada mayormente al sexo masculino, debemos reconocer que la astronomía moderna le debe mucho al legado de algunas mujeres.
Fátima de Madrid fue una sobresaliente astrónoma musulmana del siglo X. Hija del célebre polígrafo y astrónomo Maslama al-Mayriti, quien es señalado como el gran propulsor de su destacado avance en el campo de la ciencia, la andaluza, desarrolló gran parte de su vida en Córdoba en la época del Califato y en tiempos en que esta ciudad constituía el centro del saber cultural.
Trabajó junto a su padre en importantes investigaciones astronómicas y matemáticas, sobre las cuales escribió las conocidas: Correcciones de Fátima. Su obra titulada Tratado del astrolabio, acerca del uso de este instrumento, aún se conserva en la biblioteca del Monasterio del Escorial. Asimismo, juntos editaron y corrigieron las Tablas Astronómicas de al-Khwarizmi, ajustándolas al meridiano de Córdoba, situando a la capital del Califato como referente para todos los cálculos.
Se les reconoce a ambos también los trabajos sobre calendarios, cálculos de las posiciones verdaderas del Sol, la Luna y los planetas, tablas de senos y tangentes, Astronomía esférica, tablas astrológicas, cálculos de paralaje, eclipses y visibilidad de la Luna.
Esta científica, adelantada para su época, fue incluida por sus aportes en el calendario: Astrónomas que hicieron historia, creado en el año 2009 con motivo del año internacional de la astronomía, y que contiene entre otras cosas, efemérides astronómicas y las fechas de nacimiento y muerte de las principales mujeres de la ciencia astronómica homenajeadas.

Nebulosa Cabeza de Caballo: ¿Hípica en el espacio?

Así como en la tierra existen muchas curiosas formaciones rocosas o de otros tipos, el espacio exterior también nos ofrece figuras y formas que con un poco de imaginación -y algunas veces con mucha imaginación- nos pueden llegar a sorprendernos. Este es el caso de la Nebulosa de Cabeza de Caballo ubicada en la Constelación de Orión.


Esta forma es fácilmente reconocible y es una de las formas más hermosas que se pueden encontrar mediante una simple observación del espacio vía telescopio. No solo resulta bella por su muy delineada figura, sino que también lo es por el hermoso fondo rojizo de la nebulosa de emisión IC 434, originado por la recombinación de los electrones con los protones de los átomos de hidrógeno. Es precisamente por este fondo rojizo que la nebulosa consigue ser reconocible.

La nebulosa cabeza de caballo o también llamada Barnard 33 -B33- pertenece a la categoría de las nebulosas de absorción, caracterizándose por su color oscuro y básicamente se compone de polvo oscuro.

Se puede decir además que se encuentra situada en parte izquierda del famoso cinturón de Orión. A su izquierda se puede ver claramente la estrella más visible del conjunto, aquella es Zeta Orionis, también conocida como Alnitak y perteneciente al cinturón del mítico Orión.


La distancia que nos separa de esta bella nebulosa es de 1500 años. Sin embargo, podemos observarla fácilmente hallando las Tres Marías, que forman parte del cinturón de Orión. Pasarán miles de años antes que esta nebulosa desaparezca a causa del desplazamiento y movimiento interno de las nubes de gas. Son muchas las fotografías que se tienen de la Nebulosa Cabeza de Caballo. Las mejores han sido tomadas por el telescopio espacial Hubble, el que orbita alrededor de la tierra a 593 kilómetros sobre el nivel del mar.

TRACE: Satélite que descubrió sonidos en el Sol

Concebir al Universo como un sorprendente instrumento musical capaz de interpretar una gran melodía, es una tradición que se prolongó durante muchos años a partir de la Edad Media.


Este pensamiento, aparentemente descabellado, fue comprobado el año 2008 por la NASA, gracias a la información recabada por su satélite.

El Transition Region and Coronal Explorer (TRACE) fue lanzado a bordo de un vehículo Pegasus por la NASA en el año 1998, desde la Base Aérea Vandenberg ubicada en California, Estados Unidos. La misión del satélite era permitir observaciones conjuntas con el satélite SOHO, puesto en órbita tres años antes, durante la fase de mayor actividad del ciclo solar.

De acuerdo a las informaciones entregadas por la agencia responsable, la nave estaba equipado con un telescopio especial dirigido hacia la llamada región de transición, para lograr explorar las estructuras magnéticas tridimensionales que emergen a través de la superficie visible del sol, y definir tanto la geometría, como la dinámica de la atmósfera superior o corona solar, en la que se desencadenan tormentas y protuberancias. Además de registrar la relación que existe entre los campos magnéticos solares y el calor de la corona.

Hasta la misión TRACE los proyectos espaciales sólo habían podido obtener algunas imágenes instantáneas de la corona solar, pero no películas donde observar claramente su funcionamiento con gran exactitud. Pero lo más impresionante de los aportes que se llevaron a cabo con el satélite, fue el descubrimiento de las primeras evidencias de música originada en un cuerpo celeste, tal como había aventurado Kepler y, muchos años antes, la secreta organización griega de astrónomos, músicos, matemáticos y filósofos, que creían en que todas las cosas son esencialmente números, conocida como los pitagóricos.


Gracias a éste satélite enviado por la NASA se confirmó para la comunidad científica y la población en general que la atmósfera de nuestra estrella madre, el Sol, efectivamente emite sonidos ultrasónicos, y que interpreta una composición formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano.

La historia astronómica de los mayas

En el mundo antiguo fueron muchas las civilizaciones que alcanzaron grandes conocimientos con respecto a la astronomía, los movimientos de la tierras, las estrellas y las distintas formas de los astros.


En América florecieron tres de las civilizaciones más importantes del mundo, hablamos de las civilizaciones inca, azteca y maya. Esta última cultura fue la que obtuvo mayor grado de desarrollo en la materia, llegado a elaborar calendarios y cálculos que hasta el día de hoy siguen impresionando a científicos y aficionados por igual.

Desde el tercer milenio antes de Cristo, los mayas poseían ya amplios conocimientos astronómicos, llegando a identificar fenómenos como los eclipses y conocer su periodicidad. Uno de los más antiguos observados por los mayas fue el producido el 15 de febrero del año 3379 antes de Cristo.

Los testimonios concretos de su conocimiento se hallan en las inscripciones grabadas en monumentos de rocas, donde se pueden observar las distintas fórmulas que utilizaban para medir la periodicidad de los eclipses y la salida heliaca de Venus.

Acerca del calendario que utilizaron se puede decir que se inició -según nuestro sistema de medida del tiempo- el 8 de junio del 8498 antes de Cristo, aunque esta fecha no es del todo segura. Al igual que los egipcios y otras civilizaciones, su año constaba de 365 días, con la diferencia que poseían 18 meses de 20 días y un mes intercalado de 5 días de duración.

La mayoría de sus edificios y templos fueron construidos tomando en cuenta la posición de los astros en el cielo. Un claro ejemplo de esto lo encontramos en Chichén Itzá, que además posee 365 peldaños.


La importancia de la astronomía para los mayas también hace evidente en uno de los primeros libros religiosos y que explican la creación de su mundo: El Popol Vuh. En este libro, Orión es tomado como el dios padre de los gemelos fundadores del imperio. Otros vestigios encontrados son los códices de Dresden, Madrid, París y Grolier.



Viento solar: El importante papel del viento

No solo en la Tierra el clima es un factor fundamental para el normal desarrollo de la vida. El sistema planetario solar y su gélida temperatura, posee también algunos factores “climáticos” que hacen posible su existencia.


Los dos puntos de importancia para la supervivencia del sistema planetario solar se hallan en su centro mismo, es decir, en el Sol y también mucho más allá de Plutón al borde del sistema.

En el Sol es donde se generan los vientos solares que son en definición considerables emanaciones de plasma compuestas químicamente igual que a la corona del Sol. A su paso por la órbita terrestre lleva una velocidad aproximada de 450 kilómetros por segundo y pueden afectar nuestras sondas espaciales y satélites de diverso índole.

La manifestación visible del viento solar en el planeta Tierra son las auroras boreales y australes, producidas cuando las partículas del viento solar son atrapadas por el campo magnético terrestre y chocan con nuestra atmósfera. Fenómenos similares ocurren en otros planetas del sistema que poseen atmósferas parecidas a la nuestra. Luego el viento solar sigue su recorrido sin relevancia alguna hasta llegar a los confines del sistema, donde posee un papel preponderante en la defensa de los rayos cósmicos generados por los agujeros negros y supernovas.

Para explicar el mecanismo de defensa del viento solar, primero es necesario explicar que el sistema planetario solar se encuentra dentro de una gran burbuja de gas llamada heliosfera y es precisamente el viento solar el que se encarga de inflar esta burbuja que nos protege y aísla de los rayos cósmicos.


La sonda espacial Voyager 1 lanzada en el año 1977, ya se encuentra en esta zona y dentro de unos años se encontrará fuera de la heliofunda -membrana exterior de la heliosfera- permitiendo adquirir mayores conocimientos de nuestro universo. Sin la existencia del viento solar no podría ser posible la heliofunda y por consiguiente las naves espaciales y la exploración del universo por parte de la raza humana sería imposible.

NASA: Destrucción de colores

Cuántas veces hemos observado el cielo y divisado a la lejanía la grata imagen de un arco iris. En 2010 la NASA logró sorprendernos mostrando la descomposición del maravilloso espectro de luz con un cohete en los cielos azules del estado de Florida.


Después de más de tres siglos desde que el científico Isaac Newton demostró que se puede generar la descomposición de la luz blanca con la ayuda de un prisma, la agencia fundada en 1958 en Estados Unidos y que tiene como función coordinar las investigaciones espaciales y los programas de desarrollo aeronáutico para fines no militares, NASA (National Aeronautics and Space Administration), nos impacta con las imágenes del lanzamiento de su cohete Atlas V que fue capaz de destruir un arco iris.

La NASA lanzó en 2010, en los cielos de Florida, un cohete diseñado para lanzar satélites y sondas espaciales, y que al emitir ondas de choque al sobrevolar el arco que contiene los siete colores primarios logró disgregarlo. El suceso impactó a la gente que pudo observar sin problemas y encantados, lo que quizás nunca imaginaron, ver extinguirse un arco iris por obra del hombre.

Los cohetes Atlas son una familia de misiles que fueron diseñados, en un primer momento, para atacar a la URSS-Rusia, pero actualmente se han dedicado a fines científicos e incluso se fabrican con técnicas del país entonces enemigo. La última versión creada es el Atlas V, que utiliza una tecnología muy diferente a sus antecesores, ya que no ocupa el tanque de tipo balón, sus propulsores son más parecidos a los Titán y su fuselaje es muy rígido y pesado.

El Atlas V, en su lanzamiento en febrero del 2010, llevaba en su interior el Observatorio de Dinámica Solar (SDO), satélite considerado La Joya de la Corona de las naves actuales, y que tiene como misión estudiar el sol durante cinco años. Se espera que el SDO envíe a la Tierra imágenes de las explosiones solares en calidad IMAX y que logre examinar debajo de la superficie estelar con el fin de ver la dínamo solar magnética en acción.